Es solo un viejo decrépito con arrugas y canas, extraviado en su propio destino, le queda la oportunidad de regresar, volver a su lugar de origen, a su primera familia, junto a su hija e hijo.
Allí mismo en la indecisión, se encuentra cuando era joven, 50 años atrás, quiere huir en cualquier dirección. Él mismo con dos fuerzas contrarias, una de regreso a sus inicios, y otra con la fuerza de una escapatoria a su pasado.
Son dos momentos distintos, la vejez donde todo se liquida y todo nos estorba y la juventud, donde todo nos falta y nada nos llena.
El lazo del tiempo alcanza a nuestro mortal protagonista y desea volver a su juventud para tener la fuerza de la tierra, la confianza de las decisiones y volver a fundar ciudades.