sábado, 12 de octubre de 2024

La peonza del tiempo

La peonza del tiempo Gira el tiempo como peonza desdibujada, el color se deshace en su vértigo, y lo que fue, ya no es, solo el eco de lo perdido respira en el quicio entre el ser y el olvido. ¿Recuerdas ese instante? No era el mismo. Entre la piel que sentía y la piel que ahora recuerda, se extiende el desierto de lo que jamás se recupera, un desfase, un abismo donde el aire es otro, donde el color se escapa como un eco difuso de otra realidad. La memoria, ¿es clemencia o castigo? Gira, pero no se cierra, dejando entrar el viento desconocido que nos arrastra al vacío de siglos que ya no tienen nombre. La supervivencia se disfraza de vida, pero en su sombra, nada. El tiempo vivido en otra mirada, ¿es tiempo robado? Proust, como el sultán que teme el amanecer, detiene las horas en su puño, pero el giro sigue, sin fin, sin fin. Cada instante arrebatado a la muerte es una mentira hermosa, un minuto que se desliza en la arena de un reloj donde el pasado ya no puede vivir. Dualidad en cada esquina de la mente, donde el recuerdo no es memoria, sino reflejo en un cristal quebrado, un espejismo que se apaga antes de tocar la carne, antes de tocar el alma. El tiempo es una danza que nunca alcanza su centro, y la mirada de otro es un espejo cóncavo que absorbe y deforma, dejándonos solo el rastro de un siglo que se fue, sin cerrar su ciclo, sin detener su marcha.

No hay comentarios:

Publicar un comentario