El cielo sobre Valdeolivo sangraba 谩mbar. Donde antes hubo estrellas, ahora giraban espirales de luz cegadora y sombras con sed de olvido. Roberto, con veintid贸s a帽os y los ojos a煤n grandes como pozos lunares, pis贸 el campo de batalla. No llevaba armadura, sino la caja de madera que Luc铆a le entreg贸 en la infancia. A su lado, Tiz贸n, el gato negro, creci贸 hasta alcanzar el tama帽o de un puma. Sus ojos ya no eran carb贸n, sino portales a nebulosas colapsadas.
—Han venido por el trigo— rugi贸 Tiz贸n, su voz un trueno subterr谩neo—. El trigo que guarda las l谩grimas de los que amaron este pueblo.
ACTO I: LOS EJ脡RCITOS DEL OLVIDO
Desde el Oeste avanzaban los 脕ngeles de la Amnesia:
Serafiel, comandante de alas de espejos rotos. Cada pluma reflejaba un recuerdo robado: besos bajo la lluvia, canciones de cuna, el olor a pan de Consuelo.
Su ej茅rcito: querubines de hielo, que congelaban la tierra donde pisaban.
Desde el Este, marchaban los 脕ngeles de la Memoria:
Raziel, general de alas de pergaminos ardientes. Sus textos narraban cada atardecer que Ernesto contempl贸, cada tos de Consuelo disimulada tras la puerta.
Su tropa: arc谩ngeles de ra铆ces, cuyas espadas eran olivos centenarios arrancados de las colinas.
En el centro, el Campo de Trigales Sagrados. Cada espiga brillaba con el brillo de un recuerdo humano.
ACTO II: LA CAJA DE LOS SECRETOS DEL MUNDO
Roberto abri贸 la caja de Luc铆a. Dentro, los objetos infantiles hab铆an mutado:
La pluma de cuervo se convirti贸 en un l谩tigo de vientos cruzados.
La piedra de Don Hilario estall贸 en semillas de tiempo.
El suspiro de Consuelo tom贸 forma de escudo hecho de aire comprimido.
Tiz贸n salt贸 hacia Serafiel:
—¡Estos campos no son tuyos! ¡El dolor tambi茅n es sagrado!
El 谩ngel espejo ri贸:
—Sin recuerdos, no hay dolor. Les hacemos un favor.
Roberto corri贸 hacia el trigal. Al pisar la primera espiga, oy贸 voces:
"Roberto, mi ni帽o" (Consuelo).
"Salva las historias" (Don Mateo).
"Silba, aunque tengas miedo" (Don Hilario).
ACTO III: BATALLA EN LOS SURCOS
La estrategia de la Amnesia:
Los querubines de hielo lanzaban dardos de niebla que borraban nombres.
Valdeolivo empezaba a desvanecerse: las casas perd铆an contornos, las tumbas de la abuela Carmen se volv铆an polvo.
La resistencia de la Memoria:
Los arc谩ngeles de ra铆ces clavaron sus olivos en la tierra, tejiendo una red de ra铆ces-libro donde se grababan las historias del pueblo.
Tiz贸n, ahora con tres pares de alas de sombra l铆quida, desgarr贸 el pecho de Serafiel. De la herida manaron espejos rotos que reflejaban futuros vac铆os.
Roberto actu贸:
Arroj贸 semillas de tiempo al cielo. Brotaron relojes de sol que disparaban rayos de pasado.
Con el l谩tigo de vientos, desvi贸 los dardos de niebla hacia el ej茅rcito de hielo.
El escudo de aire de Consuelo detuvo la espada de Raziel cuando este, cegado por la furia, iba a destruir el 煤ltimo espejo de Serafiel.
—¡No! —grit贸 Roberto—. ¡Sin ellos, perder铆amos lo que no debemos repetir!
脡PILOGIO: EL TRIGO QUE CRECE ENTRE LOS MUERTOS
Al amanecer, el campo era un cementerio de 谩ngeles:
Estatuas de hielo derriti茅ndose en arroyos que murmuraban "perd贸n".
Olivos florecidos en cuyas ramas colgaban pergaminos con nombres recuperados.
Serafiel, vencido pero vivo, se arrastr贸 hacia Roberto:
—¿Por qu茅 nos perdonas?
El joven le tendi贸 un grano de trigo sagrado:
—Porque olvidar tu error ser铆a perder la lecci贸n.
Tiz贸n, reducido a su tama帽o felino pero con ojos ahora dorados, ronrone贸:
—La batalla no ha terminado. Solo cambiamos de campo.
Y en el l铆mite del pueblo, donde el r铆o seco volvi贸 a correr, Luc铆a apareci贸. En sus manos, un barco de papel gigante flotaba en las aguas nuevas.
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