viernes, 12 de septiembre de 2025

Esperando la señal


Esperando la Señal

​—¿Crees que vendrá hoy? —preguntó Sofía, ajustándose la bufanda. El frío comenzaba a calar hondo.

​—Siempre viene, tarde o temprano —respondió Marco, sin apartar la vista del cielo. Estaba tan oscuro que apenas se distinguían las siluetas de los árboles.

​—Pero hoy es diferente. La luna está oculta, y el viento... parece que susurra advertencias.

​—El viento siempre susurra cosas, Sofía. Es solo viento. O quizás tú escuchas demasiado.

​Sofía suspiró, un pequeño vaho blanco que se disolvió en el aire helado.

​—No sé. Tengo un mal presentimiento. Como si esta noche no fuera la noche.

​Marco finalmente la miró, una ceja levantada.

​—¿Mal presentimiento? ¿Después de cuántos años esperando lo mismo? Deberías estar acostumbrada.

​—Uno nunca se acostumbra a la incertidumbre, Marco. Solo se aprende a vivir con ella. ¿Trajiste las mantas?

​—Están en la mochila. Y el termo con chocolate caliente. Por si la espera se alarga, como siempre.

​Un silencio se apoderó de ellos, roto solo por el crujido de las hojas secas bajo sus botas. Sofía se abrazó a sí misma.

​—¿Y si se olvidó de nosotros?

​Marco soltó una carcajada, una bocanada de humor ronco en la quietud.

​—¿Olvidarse? ¿Ella? No la conoces. Es más puntual que el sol, aunque a veces se tome su tiempo.

​—Eso dices siempre.

​—Y siempre tengo razón. O casi siempre.

​De repente, un destello. Fugaz, brillante, verde esmeralda, cruzó el horizonte antes de desaparecer tan rápido como apareció.

​Sofía jadeó, señalando con el dedo tembloroso.

​—¡Ahí! ¡Lo viste!

​Marco sonrió, un brillo de alivio y triunfo en sus ojos.

​—Te lo dije. Nunca falla. Ya casi es hora. Prepara el chocolate, Sofía. La señal está hecha. 

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