TERRA
DESDE LO PROFUNDO DE LA TIERRA
Pensar. Escribir palabras que el sistema aún no puede descodificar. Hablar entre cuatro paredes, en habitaciones que devuelven el eco de ag...
miércoles, 10 de julio de 2024
EL LLANO DESOLADO
El llano desolado: Un canto a la esperanza bajo el sol de Castilla
Bajo el sol ardiente de Castilla, la tierra reseca del llano se extendía como un mar inmenso, surcado solo por el viento y la soledad. Un pastor curtido por el tiempo, cual figura errante de un cuadro de Velázquez, guiaba su rebaño de ovejas, buscando refugio del calor abrasador.
De pronto, un lamento tenue rasgó el silencio, como un lamento medieval brotando de una torre solitaria. El pastor, intrigado, siguió el sonido hasta encontrar a una pequeña figura, acurrucada bajo un mezquite, temblorosa y con las mejillas surcadas por lágrimas que brillaban como perlas bajo el sol implacable.
Era una niña, apenas más grande que un palmo, con ropas harapientas y una mirada que reflejaba un miedo profundo, como un cervatillo perdido en la espesura del bosque. El pastor, conmovido por su inocencia y desamparo, se acercó con palabras amables y gestos tranquilizadores, como un caballero ofreciendo su protección a una dama en apuros.
Entre sollozos, la niña le contó que se había perdido mientras jugaba en el campo, como una mariposa extraviada de su flor. El pastor, conmovido por su relato, decidió convertir su cayado en brújula y guiarla de regreso a su hogar, como un peregrino siguiendo la estrella de Belén.
Al caer la tarde, llegaron a un pequeño poblado, como un oasis en medio del desierto. El pastor recorrió las calles, preguntando a los lugareños por la madre de la niña, pero nadie la conocía. La noche se acercaba, y la desolación se apoderaba del pastor. No podía dejar a la niña sola y desamparada, como una flor marchita bajo la luna.
En ese momento, un hombre alto y delgado se acercó a ellos. Era un soldado, recientemente regresado de la guerra, con el rostro curtido por las batallas y la mirada cargada de nostalgia, como un caballero desilusionado que regresa de las cruzadas. Al ver a la niña perdida, sintió una punzada de dolor en el corazón. Le recordó a su propia hija, a quien no había visto desde hacía años, como una estrella fugaz en el cielo de su memoria.
Conmovido por la situación, el soldado ofreció su ayuda. Alojó a la niña y al pastor en su humilde morada, brindándoles comida y cobijo como un buen samaritano. Al día siguiente, el soldado salió en busca de la madre de la niña, recorriendo los pueblos cercanos, mostrando su imagen a todos los que encontraba, como un pregonero medieval anunciando buenas nuevas.
Finalmente, después de días de búsqueda infructuosa, un anciano reconoció a la niña, como un sabio que descifra un antiguo manuscrito. La identificó como la hija de una viuda que vivía en una aldea lejana.
El soldado y el pastor acompañaron a la niña de regreso a su hogar, como dos paladines escoltando a una princesa. Al llegar, la madre, al ver a su hija sana y salva, se abalanzó sobre ella en un abrazo desesperado, como un torrente de amor incontenible. Las lágrimas de alegría brotaron de sus ojos, agradeciendo al cielo por el regreso de su pequeña.
El pastor y el soldado, con el corazón rebosante de satisfacción, continuaron su camino, dejando atrás la imagen de la madre y la hija reunidas, como un símbolo de esperanza en medio del llano desolado. La bondad y la compasión habían triunfado sobre la adversidad, demostrando que incluso en los rincones más áridos de la existencia humana, la esperanza puede florecer como una rosa en el desierto.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario