---
**1. In Ālḫāzēb (En el Umbral de los No-Nombrados):**
*«Kur-gal šà gù-bi, an-ki duru₅»*
*(«La puerta que canta en la lengua de la tierra y el cielo olvidado»)*
Un viajero sin rostro llegó a la ciudad de **Ālḫāzēb**, donde las paredes susurraban en *sumerio arcaico*. Le entregaron un cuenco de bronce con inscripciones:
*«Níĝ-kas₇-kéš: šà tur-tur»*
*(«El precio del conocimiento: un corazón fragmentado»)*.
Al beber un líquido negro —*haema* en griego homérico, «sangre de estrellas caídas»—, sus ojos se llenaron de jeroglíficos etruscos: *«Zilath meθlum θaura»* (*«El gobernante del silencio te observa»*).
---
**2. Qlīphōth (El Jardín de las Lenguas Rotas):**
En un bosque de columnas con runas *nórdicas primigenias*, encontró un árbol cuyas raíces deletreaban:
*«Draumstafir: ek sá valdauða í augum þínum»*
*(«Runas de sueño: vi muerte elegida en tus ojos»)*.
Las hojas murmuraban en *sánscrito védico*:
*«Mṛtyulokaḥ svapnaḥ asti»*
*(«El reino de la muerte es un sueño»)*.
---
**3. Nekyomanteía (El Ritual de los Susurros):**
En una cripta circular, el viajero invocó a **Nyktophōnēs** (del griego *nyx*, «noche», y *phōnē*, «voz»), un ente cuya piel era pergamino escrito en *copto sahídico*:
*«Ⲡⲓⲣⲱⲙⲉ ⲛ̀ⲧⲉϥⲙⲉⲧⲁⲛⲁⲅⲕⲏ»*
*(«El hombre que es su propia prisión»)*.
La criatura le entregó una llave de hueso con una advertencia en *líbico-bereber*:
*«ⵜⴰⵙⵓⵜ ⵏ ⵜⵓⵍⵍⵓⵜ: ⵉⵎⴰⵙ ⵓⵍ ⵙⵓⵏⵏⵉ»*
*(«La puerta del espejo: no sigas tu nombre»)*.
---
**4. Lux Obscūra (La Luz que Quema):**
Al cruzar el espejo, el viajero entró en un desierto de ceniza donde el viento gritaba en *protoindoeuropeo*:
*«H₂ékʷeh₂ h₁néḱm̥t h₁ést»*
*(«El agua conoce la noche»)*.
En el horizonte, una estructura de piedra repetía en *hitita*:
*«Šalli ḫuišwaš ḫarkiš: nu ḫūmanza»*
*(«El gran sol oscuro: ahora eres nadie»)*.
---
**5. Finis Coronat Opus (El Final que Corona):**
Al despertar en Ālḫāzēb, el viajero miró sus manos: estaban cubiertas de glifos *olmecas*. Un anciano le dijo en *ibérico levantino*:
*«Ŝalir eban, beleškuneŕ»*
*(«Has bebido el tiempo, ahora eres el laberinto»)*.
Entonces comprendió: la historia no era suya, sino de las voces que habitaban las lenguas muertas. Su cuerpo se deshizo en letras, y las palabras lo devoraron.
---
**Epígrafe en *etrusco*:**
*«Mi θaura θui, śuθi ceriθur»*
*(«El que busca el fin, se convierte en el principio»)*.
---
Este relato, tejido con fragmentos de lenguas extintas, no pretende ser descifrado, sino *sentido*. Las traducciones son solo ecos de significados perdidos. ¿O tal vez las palabras nos usan para seguir existiendo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario