martes, 11 de febrero de 2025

**Relato: *Vox Umbrarum* (La Voz de las Sombras)**


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**1. In Ālḫāzēb (En el Umbral de los No-Nombrados):**  

*«Kur-gal šà gù-bi, an-ki duru₅»*  

*(«La puerta que canta en la lengua de la tierra y el cielo olvidado»)*  


Un viajero sin rostro llegó a la ciudad de **Ālḫāzēb**, donde las paredes susurraban en *sumerio arcaico*. Le entregaron un cuenco de bronce con inscripciones:  

*«Níĝ-kas₇-kéš: šà tur-tur»*  

*(«El precio del conocimiento: un corazón fragmentado»)*.  

Al beber un líquido negro —*haema* en griego homérico, «sangre de estrellas caídas»—, sus ojos se llenaron de jeroglíficos etruscos: *«Zilath meθlum θaura»* (*«El gobernante del silencio te observa»*).  


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**2. Qlīphōth (El Jardín de las Lenguas Rotas):**  

En un bosque de columnas con runas *nórdicas primigenias*, encontró un árbol cuyas raíces deletreaban:  

*«Draumstafir: ek sá valdauða í augum þínum»*  

*(«Runas de sueño: vi muerte elegida en tus ojos»)*.  

Las hojas murmuraban en *sánscrito védico*:  

*«Mṛtyulokaḥ svapnaḥ asti»*  

*(«El reino de la muerte es un sueño»)*.  


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**3. Nekyomanteía (El Ritual de los Susurros):**  

En una cripta circular, el viajero invocó a **Nyktophōnēs** (del griego *nyx*, «noche», y *phōnē*, «voz»), un ente cuya piel era pergamino escrito en *copto sahídico*:  

*«Ⲡⲓⲣⲱⲙⲉ ⲛ̀ⲧⲉϥⲙⲉⲧⲁⲛⲁⲅⲕⲏ»*  

*(«El hombre que es su propia prisión»)*.  

La criatura le entregó una llave de hueso con una advertencia en *líbico-bereber*:  

*«ⵜⴰⵙⵓⵜ ⵏ ⵜⵓⵍⵍⵓⵜ: ⵉⵎⴰⵙ ⵓⵍ ⵙⵓⵏⵏⵉ»*  

*(«La puerta del espejo: no sigas tu nombre»)*.  


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**4. Lux Obscūra (La Luz que Quema):**  

Al cruzar el espejo, el viajero entró en un desierto de ceniza donde el viento gritaba en *protoindoeuropeo*:  

*«H₂ékʷeh₂ h₁néḱm̥t h₁ést»*  

*(«El agua conoce la noche»)*.  

En el horizonte, una estructura de piedra repetía en *hitita*:  

*«Šalli ḫuišwaš ḫarkiš: nu ḫūmanza»*  

*(«El gran sol oscuro: ahora eres nadie»)*.  


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**5. Finis Coronat Opus (El Final que Corona):**  

Al despertar en Ālḫāzēb, el viajero miró sus manos: estaban cubiertas de glifos *olmecas*. Un anciano le dijo en *ibérico levantino*:  

*«Ŝalir eban, beleškuneŕ»*  

*(«Has bebido el tiempo, ahora eres el laberinto»)*.  

Entonces comprendió: la historia no era suya, sino de las voces que habitaban las lenguas muertas. Su cuerpo se deshizo en letras, y las palabras lo devoraron.  


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**Epígrafe en *etrusco*:**  

*«Mi θaura θui, śuθi ceriθur»*  

*(«El que busca el fin, se convierte en el principio»)*.  


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Este relato, tejido con fragmentos de lenguas extintas, no pretende ser descifrado, sino *sentido*. Las traducciones son solo ecos de significados perdidos. ¿O tal vez las palabras nos usan para seguir existiendo?

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