TERRA

DESDE LO PROFUNDO DE LA TIERRA

Pensar. Escribir palabras que el sistema aún no puede descodificar. Hablar entre cuatro paredes, en habitaciones que devuelven el eco de ag...

miércoles, 19 de noviembre de 2025

El Eco de la Estrella

 


Clara, solitaria en su órbita, no buscaba consuelo en el amor terrenal, sino en la férrea convicción de su destino cósmico y el de los planetas y satélites que la circundaban. Su único refugio era el eco de su anterior vida, cuando era una estrella reluciente cuyo fulgor convocaba a la admiración universal. En aquella era, era el Sol ardiente, y su cortejo de mundos y lunas la seguía, prisioneros de su irresistible luz.


El Hijo Cautivo

Tenía un hijo, Amado, delicado en su temperamento y anhelante de romance. Él deseaba, con la pasión silenciosa de un poeta, la libertad absoluta que todo ser ambiciona poseer. Sin embargo, su destino estaba marcado por la gravedad implacable que emanaba de su propia madre, un lazo invisible que lo mantenía perpetuamente en una danza dictada. Su deseo de independencia era una marea frustrada.


La Hija de Cristal Roto

Su única hija, Tímida, era el espejo fiel de la juventud radiante de Clara, poseedora de una belleza que atraía un séquito constante de pretendientes. No obstante, el amor era para ella un concepto esquivo. Sus ilusiones románticas se deshacían una y otra vez, con la fragilidad punzante de un cristal al impactar contra el vacío. Cada desengaño se convertía en un insoportable retrato de su propia desesperación.


La Jaula Temporal

Así continuaban su desplazamiento a través del tiempo, sus órbitas trazando un camino entre la memoria de una pasión quemante y la promesa incierta de un futuro. A veces, recordaban los días en que se sintieron, todos juntos, como si vivieran en una jaula de cristal, un refugio resguardado, aunque restrictivo, del estruendo y el caos sin fin del Universo.

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