Escribir su nombre, nombre de libertad significa su ser, nombre de pertenencia que solo tiene ella. El poder escribir sobre la arena, o decirlo al aire para que todos despierten, privilegio es levantar la voz con su nombre: "Libertad".
Es libertad, la madre de la tierra cultivable, habita más allá de la ciudad empedrada, más allá de los pueblos y de todas las fronteras que nos apresan y nos encierran. Vive "libre" en los campos que albergan la tierra parda, con sus semillas, plantas y flores. Allí habita la Libertad, sobre surcos que el arado forjó, en la mano invisible que dirigió las riendas de la siembra donde espigas verdes ahora se mecen al viento.
La "Libertad", con su túnica blanca moviéndose al viento, camina sobre los campos, se mece entre espigas, como una hoja de otoño removida por el viento tardío. Pero en sus ojos transmiten clama y paz, siembra a su paso semillas con manos de luna, ofrece el don de la vida, por eso nos quedamos inmóviles a la orilla del camino, mudos, por el placer que trasmite aquella y sencilla libertad que con sus manos ofrece esperanza a la tierra y a los hombres.
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