TERRA

DESDE LO PROFUNDO DE LA TIERRA

Pensar. Escribir palabras que el sistema aún no puede descodificar. Hablar entre cuatro paredes, en habitaciones que devuelven el eco de ag...

domingo, 3 de agosto de 2025

📜 TÍTULO: "TRIGO SAGRADO Y ALAS DE BARRO"

 

El cielo sobre Valdeolivo sangraba ámbar. Donde antes hubo estrellas, ahora giraban espirales de luz cegadora y sombras con sed de olvido. Roberto, con veintidós años y los ojos aún grandes como pozos lunares, pisó el campo de batalla. No llevaba armadura, sino la caja de madera que Lucía le entregó en la infancia. A su lado, Tizón, el gato negro, creció hasta alcanzar el tamaño de un puma. Sus ojos ya no eran carbón, sino portales a nebulosas colapsadas.

Han venido por el trigo— rugió Tizón, su voz un trueno subterráneo—. El trigo que guarda las lágrimas de los que amaron este pueblo.


ACTO I: LOS EJÉRCITOS DEL OLVIDO

Desde el Oeste avanzaban los Ángeles de la Amnesia:

  • Serafiel, comandante de alas de espejos rotos. Cada pluma reflejaba un recuerdo robado: besos bajo la lluvia, canciones de cuna, el olor a pan de Consuelo.

  • Su ejército: querubines de hielo, que congelaban la tierra donde pisaban.

Desde el Este, marchaban los Ángeles de la Memoria:

  • Raziel, general de alas de pergaminos ardientes. Sus textos narraban cada atardecer que Ernesto contempló, cada tos de Consuelo disimulada tras la puerta.

  • Su tropa: arcángeles de raíces, cuyas espadas eran olivos centenarios arrancados de las colinas.

En el centro, el Campo de Trigales Sagrados. Cada espiga brillaba con el brillo de un recuerdo humano.


ACTO II: LA CAJA DE LOS SECRETOS DEL MUNDO

Roberto abrió la caja de Lucía. Dentro, los objetos infantiles habían mutado:

  • La pluma de cuervo se convirtió en un látigo de vientos cruzados.

  • La piedra de Don Hilario estalló en semillas de tiempo.

  • El suspiro de Consuelo tomó forma de escudo hecho de aire comprimido.

Tizón saltó hacia Serafiel:
¡Estos campos no son tuyos! ¡El dolor también es sagrado!
El ángel espejo rió:
Sin recuerdos, no hay dolor. Les hacemos un favor.

Roberto corrió hacia el trigal. Al pisar la primera espiga, oyó voces:
"Roberto, mi niño" (Consuelo).
"Salva las historias" (Don Mateo).
"Silba, aunque tengas miedo" (Don Hilario).


ACTO III: BATALLA EN LOS SURCOS

La estrategia de la Amnesia:

  • Los querubines de hielo lanzaban dardos de niebla que borraban nombres.

  • Valdeolivo empezaba a desvanecerse: las casas perdían contornos, las tumbas de la abuela Carmen se volvían polvo.

La resistencia de la Memoria:

  • Los arcángeles de raíces clavaron sus olivos en la tierra, tejiendo una red de raíces-libro donde se grababan las historias del pueblo.

  • Tizón, ahora con tres pares de alas de sombra líquida, desgarró el pecho de Serafiel. De la herida manaron espejos rotos que reflejaban futuros vacíos.

Roberto actuó:

  1. Arrojó semillas de tiempo al cielo. Brotaron relojes de sol que disparaban rayos de pasado.

  2. Con el látigo de vientos, desvió los dardos de niebla hacia el ejército de hielo.

  3. El escudo de aire de Consuelo detuvo la espada de Raziel cuando este, cegado por la furia, iba a destruir el último espejo de Serafiel.

¡No! —gritó Roberto—. ¡Sin ellos, perderíamos lo que no debemos repetir!


ÉPILOGIO: EL TRIGO QUE CRECE ENTRE LOS MUERTOS

Al amanecer, el campo era un cementerio de ángeles:

  • Estatuas de hielo derritiéndose en arroyos que murmuraban "perdón".

  • Olivos florecidos en cuyas ramas colgaban pergaminos con nombres recuperados.

Serafiel, vencido pero vivo, se arrastró hacia Roberto:
¿Por qué nos perdonas?
El joven le tendió un grano de trigo sagrado:
Porque olvidar tu error sería perder la lección.

Tizón, reducido a su tamaño felino pero con ojos ahora dorados, ronroneó:
La batalla no ha terminado. Solo cambiamos de campo.

Y en el límite del pueblo, donde el río seco volvió a correr, Lucía apareció. En sus manos, un barco de papel gigante flotaba en las aguas nuevas.

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