TERRA
DESDE LO PROFUNDO DE LA TIERRA
Pensar. Escribir palabras que el sistema aún no puede descodificar. Hablar entre cuatro paredes, en habitaciones que devuelven el eco de ag...
viernes, 11 de octubre de 2024
"La Llama que Sobrevive al Olvido"
La ciudad respira su aliento metálico,
un susurro que se enrosca como humo en la garganta de aquellos que aún sienten.
Las calles, ya vacías de nombres y memorias,
nos arrastran con pasos mecánicos,
nos condenan a olvidar la forma de nuestras sombras.
El cielo, que antes prometía la inmensidad,
ahora es un espejo opaco, reflejo del silencio.
La luz del sol, tenue y fría,
se desliza entre los edificios muertos
como si hubiera perdido el sentido de iluminar.
Las voces que alguna vez fueron nuestras,
se ahogan en el ruido gris de esta distopía.
Se pierden, como ecos que no encuentran muros para rebotar,
se diluyen entre los engranajes del progreso,
donde el alma ya no tiene espacio para habitar.
En este mundo que avanza, nos hemos quedado atrás,
porque avanzamos hacia el vacío,
hacia un destino sin tierra firme,
sin raíces que nos sostengan.
La tecnología promete un futuro,
pero en su promesa nos roba la esencia,
nos despoja del tacto,
nos deja a merced de una realidad que no sentimos.
Y, sin embargo, ahí estás.
Oculta en la última chispa de humanidad que queda,
en el rincón secreto de mi corazón,
como una lámpara dorada que ilumina
no el camino que veo,
sino el que intuyo,
el que mis ojos ya no pueden percibir.
Tu presencia, invisible para el mundo,
es la única verdad que aún conservo.
Eres la brújula en este caos de hierro y fuego,
la antorcha suave que no quema,
sino que ilumina desde dentro,
la llama tenue que sobrevive a las tempestades.
Los árboles, que aún quedan,
susurran tu nombre en el viento,
aunque el viento ya no es viento,
sino un aliento forzado por máquinas.
El lago, ahora seco y mudo,
recuerda tu serenidad como un eco lejano,
y en su fondo marchito,
aún brillan tus reflejos,
como los últimos vestigios de una humanidad perdida.
Nunca supiste que viajabas conmigo,
que tu alma, tranquila y callada,
se refugiaba en el fondo de mi ser.
Nunca sabrás que sigues existiendo en cada paso que doy,
aunque el mundo ya no te recuerde,
aunque el tiempo te haya olvidado.
Somos fantasmas en esta urbe de hierro,
pero en mi conciencia, siempre despierta,
aún caminas a mi lado,
iluminando los senderos que el futuro ha cegado.
Y así, en medio del progreso que nos devora,
mientras todo parece avanzar hacia la nada,
yo sigo llevando tu luz,
como una llama que arde en lo profundo,
una llama que me recuerda,
que aún somos,
que aún vivimos.
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