TERRA
DESDE LO PROFUNDO DE LA TIERRA
Pensar. Escribir palabras que el sistema aún no puede descodificar. Hablar entre cuatro paredes, en habitaciones que devuelven el eco de ag...
miércoles, 23 de octubre de 2024
La noche en que me convertí en un fósforo
Me miré al espejo esta mañana y vi un hombre que no reconocía. Un fantasma
pálido, con ojos que parecían haber visto demasiadas cosas y no haber
comprendido ninguna. ¿Cuándo se me había olvidado cómo sonreír de verdad? Salgo
a la calle y me siento como un pez fuera del agua, observando a la gente que
pasa con una mezcla de envidia y desprecio. Todos parecen tan seguros de sí
mismos, tan llenos de vida. Yo, en cambio, me siento como un fósforo a punto de
apagarse. Recuerdo aquella cita de Eliot, "En las tardes, cuando la luz se
desvanece, siguiendo a mujeres por las calles, contemplando sus rostros en la
penumbra, y preguntándome si alguna vez me atreveré a hablar". Cada noche es la
misma. Veo a las mujeres, con sus risas y sus conversaciones animadas, y siento
una punzada de deseo mezclado con un profundo miedo al rechazo. Me siento como
un actor en una obra que no he escrito. Recito mis frases hechas, mis cumplidos
vacíos, esperando que alguien se dé cuenta de que detrás de esa máscara hay un
hombre desesperado por conectar. Pero siempre me quedo corto, siempre digo la
frase equivocada. A veces, cuando estoy solo en mi habitación, me pongo a leer
poesía. Eliot es mi favorito. Me identifico con Prufrock, con su indecisión, su
miedo a la intimidad. Sus versos son como rayos X que revelan las profundidades
de mi alma. "En los cuartos oscuros, donde las mujeres se preparan para la
noche, me pregunto si alguna vez me atreveré a decir: 'Detén este momento. Eres
perfecta, y yo, también'." Pero nunca lo digo. Me quedo atrapado en mi propia
cabeza, analizando cada palabra, cada gesto. Y mientras tanto, el tiempo pasa y
las oportunidades se esfuman. A veces pienso que la vida es como un laberinto
sin salida. Camino y camino, pero siempre acabo en el mismo lugar. Me siento
perdido en una multitud, pero al mismo tiempo completamente solo. Hoy, mientras
caminaba por la calle, vi a una mujer que me recordó a una pintura que había
visto en un museo. Era hermosa, con los ojos de un color verde intenso. Por un
instante, sentí una chispa de esperanza. Pero luego recordé a Prufrock y su
miedo a ser rechazado. Y me volví a esconder detrás de mi máscara. Me pregunto
si alguna vez encontraré la valentía para ser yo mismo. Si alguna vez podré
dejar de ser un fósforo a punto de apagarse y convertirme en una llama
brillante.
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