"El eco del agua rota"
Cada vez que cierro los ojos, el tiempo se pliega. Es un mapa sin nombre, donde los recuerdos no tienen bordes. Allí, en esa frontera incierta, siento tus cartas: no como palabras, sino como fragmentos de un perfume que no termina de desvanecerse. El olor no es fragancia, sino ausencia disuelta en papel, como si el pasado exhalara para recordarme que aún respira.
Abro los ojos, pero miro hacia adentro. En ese mirar íntimo, tus fotos se deforman. Ya no son imágenes fijas; son sombras en movimiento, un correr líquido de tu rostro en mi memoria. Ya no estamos frente a frente, no nos entendemos con palabras. Hemos dejado de hablar. Ahora usamos cuchillos envueltos en oro, rasgándonos dulcemente
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