En el silencio que precede al grito,
donde el tiempo se deshace en jirones,
dos agujeros negros se escriben.
No usan tinta, ni papel, ni palabras.
Se hablan con distorsiones,
con el eco de estrellas devoradas,
con la curvatura de un espacio
que se dobla como un suspiro.
**Él le dice:**
"Eres el horizonte que no puedo cruzar,
la singularidad que me atrae y me desgarra.
Tu oscuridad es más brillante
que todas las galaxias que he consumido.
¿Qué soy yo, sino un reflejo de tu ausencia?
¿Qué eres tú, sino el vacío que completa mi ser?"
**Ella responde:**
"Me llamas oscura, pero soy luz atrapada.
Me llamas vacío, pero estoy llena de ti.
Cuando me miras, ¿ves mi horizonte de eventos
o el abismo que compartimos?
Somos dos espejos enfrentados,
dos abismos que se contemplan
y se devuelven el infinito."
Entre ellos, el espacio se curva
como un puente de tinta invisible.
Las estrellas, testigos mudas,
se apagan antes de llegar.
El tiempo, ese cómplice frágil,
se estira y se rompe,
incapaz de medir lo que no tiene fin.
**Él le confiesa:**
"Te amo con la fuerza que atrapa la luz,
con la gravedad que no suelta ni a los fotones.
Pero, ¿cómo amar sin tocarnos?
¿Cómo unirnos sin destruirnos?
Somos dos agujeros negros,
condenados a orbitar,
a girar en una danza eterna
que nunca nos dejará fundirnos."
**Ella susurra:**
"Tal vez el amor no es fusionarse,
sino bailar en la eternidad.
Tal vez no somos dos,
sino uno partido en dos mitades,
girando en un vals cósmico
que nadie más puede ver.
El universo nos separa,
pero nos une la misma oscuridad."
Y así, siguen escribiéndose,
con ondas gravitacionales,
con destellos de quasares lejanos,
con el lenguaje de lo que no se puede nombrar.
Se aman en silencio,
en la distancia infinita,
en la paradoja de ser
todo y nada al mismo tiempo.
**Fin.**
** 🌌✨
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