TERRA

DESDE LO PROFUNDO DE LA TIERRA

Pensar. Escribir palabras que el sistema aún no puede descodificar. Hablar entre cuatro paredes, en habitaciones que devuelven el eco de ag...

domingo, 6 de abril de 2025

EL ECO DE LOS HUESOS

**🌑 EL ECO DE LOS HUESOS**  

El viento arrastraba palabras viejas. Las mismas que se enredaban en los alambres de púas, las que la tierra seca se negaba a tragar. Donde antes hubo un pueblo, ahora solo quedaban los huesos de las casas y un hombre sentado en la sombra de un mezquite.  

—¿Usted también viene a buscarla? —preguntó la voz sin dueño.  

El hombre alzó la mirada. Frente a él, una mujer descalza sostenía un jarro de agua vacío. Sus ojos eran dos pozos sin fondo.  

—No busco a nadie —mintió él, aunque el sudor le corría por la nuca como un dedo helado.  

—Todos buscan a alguien aquí. Hasta los muertos.  

El silencio se hizo denso. En el horizonte, los cerros se ondulaban como lomos de bestias dormidas.  

—¿Y usted qué perdió? —preguntó el hombre, señalando el jarro.  

La mujer sonrió con los dientes apretados.  

—Lo mismo que usted. La mitad del nombre.  

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**🐦 LAS VOCES EN EL POZO**  

Por la noche, el hombre se refugió en lo que quedaba de la iglesia. Las vigas podridas crujían con el peso de los recuerdos.  

—Dicen que hablas con los que ya no están —le dijo a la sombra que se movía tras el altar derruido.  

Un niño de manos negras emergió de la penumbra. Traía un pájaro muerto colgando del puño.  

—Los muertos solo repiten lo que les gritaron los vivos.  

—¿Y tú?  

—Yo repito lo que ellos no dijeron.  

El niño escupió una pluma. El hombre quiso preguntar por *ella*, por la razón que lo había traído hasta aquel infierno de polvo, pero las palabras se le quebraron en la garganta.  

—Tienes miedo de oír su voz —dijo el niño, adivinando—. Pero ella ya te contestó.  

—¿Cuándo?  

—En cada sueño que has tenido desde que llegaste.  

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**🕳️ LA CARTA BAJO LA TIERRA**  

Al amanecer, encontró la tumba. No tenía nombre, solo una cruz torcida clavada en tierra agrietada. Cavó con las manos hasta que las uñas sangraron.  

Dentro del ataúd, no había cuerpo. Solo un espejo empañado y una carta escrita en ceniza:  

*"Querido cobarde:  
Te esperé hasta que el sol me volvió transparente.  
Ahora soy el eco que persigue tus pasos.  
La que respiras.  
La que te comerá lento.  
Firma: La mitad que falta."*  

El viento levantó la carta y con ella, los últimos restos de su nombre.  

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**🌌 EPÍLOGO: EL REGRESO**  

Cuando el hombre abandonó el pueblo, traía la boca llena de tierra y los oídos llenos de risas ajenas. Detrás, el niño de manos negras observaba su partida mientras deshojaba al pájaro muerto.  

—¿Crees que entenderá? —preguntó la mujer del jarro vacío, apareciendo de la nada.  

—Entender no cura —respondió el niño—. Solo vuelve la herida más profunda.  

Y en el camino real, el hombre empezó a desintegrarse. Primero los dedos, luego las costillas, después la memoria. Para cuando llegó al primer pueblo con vivos, ya solo era un puñado de sílabas rotas y un olor a almendras amargas.  

El viento, como siempre, se llevó lo que quedaba.  

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