TERRA

DESDE LO PROFUNDO DE LA TIERRA

Pensar. Escribir palabras que el sistema aún no puede descodificar. Hablar entre cuatro paredes, en habitaciones que devuelven el eco de ag...

viernes, 24 de enero de 2025

EL SUSURRO DEL COSMOS

**El susurro del cosmos**  

El pueblo se llamaba Terma, y era un lugar donde el polvo se aferraba a las paredes como un recuerdo de lo que alguna vez fue vida. Allí, los hombres hablaban en susurros, como si el viento pudiera llevarse sus palabras hacia el vacío que crecía detrás de las montañas. Decían que el Universo se estaba enfriando, que cada estrella era una brasa que se apagaba lentamente. «Es la muerte térmica», murmuraba el viejo Sabas, apoyado en su bastón de mezquite. Él había visto cómo los pozos se secaban y las cosechas se volvían ceniza bajo un sol indiferente.  

—Todo se acaba —repetía la mujer de la tienda, tejendo una manta con hilos rotos—. Hasta Dios se cansó de mirarnos.  

Los niños, en cambio, corrían tras las luciérnagas, creyendo que eran fragmentos del cielo caídos. Pero las luciérnagas también morían, y sus cuerpos fríos se acumulaban en los umbrales de las casas abandonadas. Un día llegó un forastero con mapas estrellados y números garabateados en papeles amarillos. Hablaba de ecuaciones que olían a tierra mojada y de un principio que dictaba el fin.  

—El Universo tuvo un aliento —explicó, señalando el horizonte agrietado—, pero ahora solo exhala.  

La gente lo escuchó entre sombras, recordando las historias de sus abuelos: dioses que tejieron el tiempo con hilos de oro, y hombres que los deshilacharon con preguntas. En la iglesia, el cura recitaba salmos al vacío, mientras las velas se consumían sin llama.  

—¿Y si el creador fue solo un relojero? —preguntó una voz desde el atrio.  

Nadie respondió. El viento arrastró la pregunta hacia el desfiladero, donde las piedras guardaban el silencio de los siglos.  

Al anochecer, Sabas subió al cerro a mirar las estrellas. Allí, entre cardos y memorias, sintió el peso de la eternidad: un frío que mordía los huesos, un suspiro que se perdía en la nada.  

—Al principio hubo luz —murmuró—. Al final, solo quedará el eco.  

Terma siguió esperando, mientras el cosmos, indiferente, seguía su camino hacia la oscuridad.

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