TERRA

DESDE LO PROFUNDO DE LA TIERRA

Pensar. Escribir palabras que el sistema aún no puede descodificar. Hablar entre cuatro paredes, en habitaciones que devuelven el eco de ag...

lunes, 20 de enero de 2025

Espíritus libres: Fragmentos de un sueño.

 Espíritus Libres: Fragmentos de un Sueño
La habitación estaba en penumbra, iluminada apenas por un hilo de luz que se colaba entre las cortinas. Júlia entró sin hacer ruido, con los pasos calculados de quien teme interrumpir algo trascendental. Frente a la ventana estaba Álex, inmóvil como una estatua, con los ojos perdidos en el horizonte.
—¿Querías verme?—dijo ella, rompiendo el silencio.
Álex no giró la cabeza. Su voz era un murmullo cargado de peso.
—Claro que sí. Pero, ¿me estás escuchando realmente?
Júlia sonrió, aunque él no pudiera verla. Caminó hacia él, como tanteando un terreno invisible.
—Siempre te escucho, aunque a veces no lo parezca. Estoy aquí todas las veces que haga falta. Pero dime, ¡qué demonios! ¿Qué sucede?
Álex se volvió lentamente. Había algo en su mirada, una mezcla de cansancio y determinación.
—No hay nada gratis en este mundo. Tienes un buen corazón, Júlia, lo veo ahí dentro. Pero no es suficiente. Hay cosas que pesan tanto que te arrastran al fondo, como un ancla que no puedes soltar.
Ella lo miró fijamente, intentando descifrarlo. El silencio entre ellos era como un abismo que ninguno osaba cruzar.
—Entonces, ¿a dónde vamos con esto?
Álex dio un paso hacia ella, su voz cargada de urgencia.
—Nos metemos a fondo. No hay otro camino. Este mundo solo es un sueño, Júlia. Nada acaba nunca, pero la luz al final del túnel no es siempre lo que parece.
Ella parpadeó, intentando procesar sus palabras.
—Eres obsesivo —dijo, casi en un susurro—. Pero también eres libre, y eso te da miedo.
Álex sonrió por primera vez. Fue una sonrisa amarga, como la de alguien que ha visto demasiado.
—Todos tenemos miedo, Júlia. Pero no es la libertad lo que asusta, sino la pérdida. Aprende a vivir con ella, y todo mejora.
La tensión entre ellos era palpable, como si las palabras fueran apenas un intento de contener algo más profundo. Finalmente, Júlia rompió el hechizo.
—Entonces, ¿dónde estás? Porque yo estoy aquí, pero tú… tú pareces perdido.
Álex suspiró, como si estuviera soltando un peso invisible.
—Estoy aquí, pero también no lo estoy. Es como si este lugar fuera un eco de algo que no puedo recordar. Y sin embargo, todo encaja cuando aflora la verdad.
Júlia se acercó, extendiendo la mano hacia él.
—¿Por qué hay distancia entre nosotros?
Álex la miró a los ojos, y en ese instante, pareció que todo lo que había querido decirle estaba ahí, en su mirada. Finalmente, dijo:
—Cambiaríamos y recordaríamos, pero no cambiaríamos. Porque al final, todo tiene un propósito. Todo.
Ella lo sostuvo firme.
—Entonces, que sea un comienzo.
El aire en la habitación pareció llenarse de algo intangible, como si las palabras hubieran convocado una nueva posibilidad. Afuera, la luz seguía filtrándose entre las cortinas, iluminando los fragmentos de un sueño que ambos estaban empezando a construir. Y, por un instante, el mundo se sintió menos pesado. Como si la distancia, el miedo y la negación no fueran más que sombras pasajeras en un viaje hacia la luz.


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