Hilos Cuánticos
En un universo de hilos, cada puntada era un universo. En uno de ellos, una mujer bordaba constelaciones en la oscuridad. Con cada hebra, creaba y destruía mundos, tejiendo el destino de estrellas y planetas. Su aguja era un pincel cósmico, pintando realidades paralelas con cada puntada.
El tiempo, en ese universo, era elástico. Podía estirarse hasta la eternidad o contraerse en un instante. Y así, mientras bordaba, la mujer viajaba a través de múltiples líneas temporales, observando cómo sus creaciones evolucionaban y se desvanecían.
En un destello de luz, un hilo se deshilachó, revelando un agujero negro en la tela del universo. La mujer sonrió, consciente de que incluso la creación más perfecta estaba destinada a desaparecer. Y con una última puntada, cerró el agujero, iniciando un nuevo ciclo de creación y destrucción.
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