TERRA

DESDE LO PROFUNDO DE LA TIERRA

Pensar. Escribir palabras que el sistema aún no puede descodificar. Hablar entre cuatro paredes, en habitaciones que devuelven el eco de ag...

domingo, 28 de diciembre de 2025

El Conflicto Permanente en la Historia de la Filosofía Universal: Idealismo versus Materialismo


Introducción
La historia de la filosofía universal ha estado marcada por debates profundos y recurrentes que reflejan las tensiones fundamentales sobre la naturaleza de la realidad, el conocimiento y la existencia humana. Entre estos, uno de los conflictos más permanentes y definitorios es la lucha entre el idealismo y el materialismo. Esta controversia no es solo un episodio aislado, sino el hilo conductor que ha caracterizado el desarrollo de la filosofía desde sus orígenes en la Antigua Grecia hasta la era contemporánea. Según esta perspectiva, la filosofía misma puede entenderse como la historia de esta pugna entre dos campos opuestos: los filósofos materialistas, que priorizan la materia como base de todo, y los idealistas, que elevan la idea o la conciencia por encima de la realidad objetiva.
Este conflicto surge de la pregunta básica de la filosofía: ¿qué es primario, la materia o la idea? ¿Existe el mundo independientemente de nuestra mente, o es la mente la que lo crea o lo determina? En este artículo, exploraremos las definiciones de estos términos, su evolución histórica, los principales filósofos involucrados y la relevancia actual de esta dicotomía.
Definiciones Básicas: Materialismo e Idealismo
Para comprender este conflicto, es esencial definir sus polos opuestos.
Materialismo: Esta posición afirma que la materia —entendida como la realidad objetiva que existe fuera e independientemente de la conciencia humana— es el factor determinante en la producción del conocimiento. La materia se refleja en nuestras sensaciones y percepciones, pero no depende de ellas. El conocimiento, por tanto, es una propiedad subjetiva de una realidad objetiva. El materialismo no busca construir grandes sistemas especulativos; en cambio, deja la explicación detallada del mundo a las ciencias específicas, limitándose a afirmar la primacía de la materia.
Idealismo: En contraposición, el idealismo sostiene que la idea, el pensamiento o la conciencia es el elemento primordial. Puede manifestarse en formas subjetivas (como en Berkeley, donde "ser es percibir") u objetivas (como en Hegel, donde la Idea Universal se desarrolla en la historia). El idealismo a menudo conduce a teorías generales del conocimiento que explican cómo la mente aprehende el mundo, y con frecuencia desemboca en perspectivas teológicas, donde Dios o una Idea Suprema crea o sustenta la realidad.
Estos dos enfoques representan caras de la misma moneda filosófica, pero su oposición ha generado innumerables debates, escuelas y revoluciones intelectuales.
Evolución Histórica del Conflicto
La lucha entre materialismo e idealismo no es un fenómeno moderno; sus raíces se hunden en los albores de la filosofía.
Orígenes en la Antigüedad
En la Grecia presocrática, los primeros filósofos materialistas como Tales, Anaximandro y Epicuro buscaban explicaciones naturales para el mundo, priorizando elementos materiales como el agua o los átomos. Epicuro, por ejemplo, defendía un atomismo materialista donde el universo se compone de partículas indivisibles en movimiento constante, sin intervención divina.3860d7 En contraste, Platón representaba el idealismo al postular un mundo de Ideas eternas superior al mundo sensible y material, accesible solo mediante la razón.
Esta tensión continuó en la filosofía china feudal, donde el materialismo se enfrentaba al idealismo confuciano, y en la Roma antigua con figuras como Lucrecio, quien popularizó el epicureísmo materialista.
Edad Media y Renacimiento
Durante la Edad Media, el idealismo dominó bajo la influencia del cristianismo, con filósofos como San Agustín y Tomás de Aquino integrando ideas platónicas y aristotélicas en teologías donde Dios (la Idea Suprema) es el origen de todo. Sin embargo, ecos materialistas persistieron en pensadores árabes como Avicena, quienes enfatizaban la observación empírica.
El Renacimiento trajo un resurgimiento materialista con figuras como Giordano Bruno, quien defendía un universo infinito y material, oponiéndose al geocentrismo idealista-teológico.
Época Moderna: Del Racionalismo al Iluminismo
En los siglos XVII y XVIII, el conflicto se intensificó. René Descartes introdujo un dualismo (mente y materia separadas), pero su énfasis en la duda metódica y la primacía de la idea ("pienso, luego existo") lo inclina hacia el idealismo. George Berkeley llevó esto al extremo subjetivo, negando la existencia de la materia independiente: todo es percepción suscitada por Dios.
Por el lado materialista, Barón d'Holbach y Helvétius argumentaban contra métodos generales idealistas, insistiendo en que solo las ciencias pueden revelar lo desconocido. David Hume, aunque escéptico, influyó en el agnosticismo (una posición intermedia que oscila entre ambos campos), cuestionando la certeza sobre la materia externa.
Immanuel Kant representó un agnosticismo clave: admite la "cosa en sí" (realidad objetiva), pero la declara incognoscible, priorizando categorías subjetivas.
Siglos XIX y XX: El Materialismo Dialéctico y las Crisis Científicas
Georg Wilhelm Friedrich Hegel encarnó el idealismo objetivo, viendo la historia como el desarrollo de la Idea Absoluta. Sin embargo, su dialéctica influyó en materialistas como Ludwig Feuerbach, quien invirtió el hegelianismo: no la idea crea la materia, sino al revés.
Karl Marx y Friedrich Engels transformaron esto en materialismo dialéctico e histórico, afirmando que las condiciones materiales determinan la conciencia social. Para ellos, el idealismo es "confusión" que sirve a la dominación.
En el siglo XX, Vladimir Lenin defendió el materialismo contra el empirio-criticismo (una forma de idealismo) de Ernst Mach y Richard Avenarius, quienes interpretaban avances científicos (como la energía atómica) como la "desaparición" de la materia. Louis Althusser extendió esto con un "materialismo aleatorio", incorporando azar sobre causalidad racional.
El debate evolucionó con la ciencia: descubrimientos como la relatividad desafiaron concepciones materialistas rígidas, pero materialistas como Lenin insistieron en que la materia incluye energía y formas no perceptibles directamente.
Actualidad: Idealismo en la Era Digital
Hoy, el idealismo resurge en formas como la "sociedad del espectáculo" (Guy Debord) o la "economía de la experiencia" (Pine y Gilmore), donde la subjetividad y las percepciones virtuales priman sobre la materia. Nietzsche y Althusser coinciden en que la filosofía tiende al idealismo, viéndolo como ideología de dominación. Sin embargo, el materialismo persiste en enfoques científicos y críticos sociales, enfatizando la práctica como criterio de verdad.
Significado y Relevancia
Este conflicto permanente no es meramente académico; tiene implicaciones políticas y sociales. El idealismo a menudo justifica estructuras de poder (religión, estado), mientras el materialismo promueve la liberación al enfocarse en condiciones reales. En un mundo de realidades virtuales y posverdad, entender esta pugna ayuda a discernir entre percepciones subjetivas y hechos objetivos.
En conclusión, el conflicto entre idealismo y materialismo encapsula la esencia de la filosofía universal: una búsqueda incesante por comprender si el mundo nos define o si nosotros lo definimos a él. Como señala la tradición marxista, esta lucha continúa, evolucionando con cada avance humano.

martes, 23 de diciembre de 2025

carta abierta: no somos colonos, ni prisioneros — somos europeos responsables

 

a quienes lean esto desde una cocina con café frío,

desde un tren que va tarde,

desde una oficina donde nadie habla de esto en voz alta:


hoy no vengo a decirles lo que está pasando.

vengo a recordarles lo que aún podemos hacer.


porque últimamente escucho — en redes, en sobremesas, en titulares rotundos — una frase que se repite como letanía:

“europa ya no es soberana. solo sirve a otros. ya no decide. ya no importa”.


y entiendo su eco.

es una frase que alivia.

porque si todo está decidido arriba, entonces no tenemos responsabilidad.

y si no tenemos responsabilidad, no tenemos culpa.

y si no tenemos culpa… no tenemos que cambiar nada.


pero hoy, con respeto y sin arrogancia, quiero proponer otra lectura.


no, europa no es una colonia.

no hay un plan secreto en washington o londres para arruinarnos.

no hay una “alianza ruso-estadounidense” diseñada para vendernos gas al triple.

estas ideas circulan, sí — pero no resisten el contraste con los datos.


lo que sí es cierto — y esto es más grave — es que estamos permitiendo que nuestra agencia se diluya.

no por un golpe de fuerza, sino por mil pequeñas renuncias:


→ permitimos que se nos hable de seguridad sin nombrar que el 73 % de nuestros sistemas de defensa dependen de componentes no europeos (informe EDA, 2025);

→ exigimos energía barata, pero votamos contra proyectos de hidrógeno en nuestras regiones;

→ demandamos soberanía digital, pero seguimos usando plataformas que deciden por nosotros qué es “verdad” y qué es “desinformación”, sin transparencia;

→ celebramos que ucrania resista… pero no debatimos, en nuestros ayuntamientos, en nuestras asambleas ciudadanas, hasta dónde estamos dispuestos a ir — y qué estamos dispuestos a construir para no depender siempre de otros.


esto no es culpa de macron, ni de von der leyen, ni de orbán.

es una condición compartida.


y esa condición tiene nombre: inmadurez estratégica.

no somos niños.

pero seguimos comportándonos como si alguien — bruselas, washington, el mercado — tuviera que decidir por nosotros lo que es demasiado difícil, demasiado incómodo, demasiado político.


mientras, rusia negocia desde la fuerza que construyó — no por derecho, sino por decisión.

china avanza en chips, en baterías, en estándares tecnológicos — sin pedir permiso.

ee.uu. redefine su alianza atlántica, no por lealtad histórica, sino por cálculo de intereses.


¿y nosotros?

¿qué estamos construyendo — hoy, con nuestras manos, con nuestros votos, con nuestras preguntas incómodas — que siga aquí dentro de veinte años?


no se trata de elegir entre “globalismo” y “soberanismo”.

estas palabras ya están viciadas, cargadas de banderas que dividen más que iluminan.


se trata de algo más simple, y más urgente:

¿queremos ser sujetos… o escenario?


porque el peligro no es que nos gobiernen mal.

es que nos acostumbremos a que nos gobiernen sin que nos importe cómo.

que aceptemos que la política es cosa de otros.

que confundamos la desilusión con la lucidez.


esto no es un llamado al optimismo fácil.

es un llamado a la soberanía cotidiana:

→ leer más allá del titular,

→ exigir a nuestros representantes que expliquen el costo real de sus decisiones,

→ apoyar a quienes construyen alternativas concretas — cooperativas energéticas, fábricas de chips regionales, redes de periodismo de verificación local —

→ y, sobre todo, no dejar que el miedo nos haga elegir entre mitos.


europa no nació para ser perfecta.

nació para ser posible.

y lo sigue siendo.


pero solo si decidimos — tú y yo, hoy — que aún vale la pena hacerla.


con humildad,

con rigor,

y con la esperanza activa de quienes saben que el futuro no se espera:

se construye, paso a paso, con verdad en la mano.


si esta carta te resonó, no la guardes. compártela.

y si quieres, en los comentarios voy a dejar enlaces a fuentes verificables de cada dato citado — sin tecnicismos, para seguir la conversación con argumentos, no con ruido.


porque la democracia no se defiende solo votando.

se defiende nombrando lo que es… para poder cambiar lo que debe ser.

cuando la sospecha suena como verdad — y por qué, aun así, debemos seguirla hasta el fondo

 


hace unos días, un amigo me envió una frase de putin:
«si uniéramos nuestros esfuerzos, rusia y la unión europea, nuestro pib conjunto sería mayor que el de estados unidos».
y luego, una conclusión:
la guerra no es por ucrania. es por impedir que esa unión ocurra. el objetivo es arruinar a europa — económicamente, políticamente — para que nunca se atreva a mirar hacia moscú como socio, en vez de hacia washington como protector.

durante horas, esa idea me acompañó.
sonaba lógica. elegante, casi… inevitable.
¿no es así como funcionan los imperios? ¿no ha sido siempre la división el precio de la hegemonía?

me sentí tentado a creerla.
no por ideología, sino por cansancio.
porque aceptar que todo esto — el luto, el gasto, la polarización — responde a un juego más grande, a un diseño frío y calculado, alivia, paradójicamente, la angustia de lo absurdo.
al menos tendría sentido.

pero esa noche, abrí los datos. no para refutar, sino para escuchar.

y encontré esto:

la dependencia energética de europa con rusia era real, sí. en 2021, el 40 % del gas de la ue venía de rusia.
pero la ruptura no fue impuesta desde fuera: fue una decisión soberana de la ue, tras la invasión, votada por unanimidad — incluyendo a países como alemania, que pagaron un costo altísimo (cierre anticipado de nucleares, recesión técnica en 2023).
no fue washington quien cerró nord stream 2. fue berlín.

¿busca ee.uu. debilitar a europa? hay tensiones, sin duda:
 • los subsidios de la inflation reduction act desviaron inversiones europeas,
 • el precio del lng estadounidense fue, en 2022–2023, hasta 4 veces el del gas ruso preguerra,
 • washington presionó para excluir a huawei y restringir chips a china, afectando exportaciones europeas.

pero llamar a eso un plan para arruinar a europa ignora que:
 ✓ ee.uu. sigue siendo el mayor destino de las exportaciones europeas (18,7 % en 2025, eurostat),
 ✓ la inversión estadounidense en europa es seis veces mayor que la china,
 ✓ cuando europa pidió blindaje ante aranceles trumpistas (2024), washington cedió en menos de 72 horas.

esto no es amistad ingenua. es interdependencia asimétrica — no guerra encubierta.

— sobre ucrania como “herramienta de demolición agrícola”:
la pac se reformará si ucrania entra (no antes de 2032, según criterios de la comisión).
pero ya hoy, desde 2023, hay exenciones temporales para cereales ucranianos — y cuando polonia, rumanía y bulgaria protestaron por caídas de precios, la ue suspendió esas exenciones en 2024 y 2025, protegiendo a sus agricultores.
no es que no haya riesgo. es que la ue ya está actuando como actor soberano, no como marioneta.

entonces… ¿qué es lo que duele de verdad en esa tesis?

no su precisión — sino su eco emocional.
porque expresa algo real: el miedo a que europa no sea dueña de su destino.
y ese miedo no nace de una conspiración, sino de una contradicción interna:
queremos soberanía… pero nos cuesta construirla juntos.
queremos paz… pero no queremos pagar su precio por igual.
queremos justicia… pero retrocedemos cuando toca redistribuir costos.

putin tenía razón en el dato: el pib combinado europa + rusia superaría al de ee.uu.
pero omitió algo esencial:
ninguna potencia económica se construye sobre la ocupación de países vecinos, la represión interna o la negación del derecho internacional.
una alianza así no sería un contrapeso — sería un pacto de debilidad compartida.

quizás el verdadero peligro no es que ee.uu. quiera arruinarnos.
quizás es que, al atribuir todo a un enemigo exterior, dejamos de ver nuestras propias decisiones — y nuestras propias evasiones.

la ruina no vendrá de un plan secreto.
vendrá del silencio cómplice cuando alguien dice:
“qué más da, total, ya está todo decidido arriba”.

y si algo he aprendido en estos años de guerra es esto:
la historia no la escriben los que tienen el plan perfecto.
la escriben los que, aun con miedo, deciden seguir preguntando.


esta reflexión no es una respuesta definitiva. es una invitación a dudar con responsabilidad — la clase de duda que no paraliza, sino que libera.
si quieres, puedo compartir las fuentes específicas de cada punto: no para imponer una verdad, sino para que tú, con tus propias preguntas, puedas seguir caminando.

lo que este préstamo me dice — como ciudadano, no como experto


hoy pagué la calefacción un 21 % más que el año pasado.

mi prima me escribió desde kiev: “hoy no hubo luz en el hospital. pero al menos no sonó la alarma aérea”.

y en medio, una noticia: europa acaba de comprometer 90.000 millones de euros para ucrania.


y no voy a fingir: me paré dos minutos frente a la ventana y me pregunté:

¿esto es justicia… o estamos cargando sobre nuestros hombros lo que otros no quieren pagar?


no soy economista. no trabajo en bruselas. soy una persona que vota, que ahorra lo que puede, que se preocupa por si sus hijos tendrán pensiones o universidades públicas en veinte años.


por eso fui a buscar — sin prisas, sin redes que gritan — qué hay detrás de ese número redondo y redondo: 90.000 millones.


y esto encontré:


este dinero no va a wall street.

no hay fondos de inversión llevándose el botín mientras ucrania arde.

en serio: eso no está ocurriendo. es una narrativa que se repite tanto que suena verdadera… pero no lo es.


lo que sí está ocurriendo es más sutil, y más difícil de digerir:

europa está firmando un préstamo que, casi con certeza, no se devolverá.

porque su reembolso depende de que rusia pague reparaciones… o de que confisquemos sus activos.

y ahora sabemos: confiscar esos activos es, hoy, ilegal según el derecho internacional.


entonces, ¿quién paga si no es rusia?

nosotros. no hoy, no directamente.

pero sí en 2035, 2040… cuando esos bonos venzan y la unión tenga que cubrirlos con sus propios recursos — es decir, con los nuestros.


esto no es una conspiración.

es una decisión política abierta, consciente, dolorosa:

preferimos cargar ese costo antes que ver a ucrania colapsar en 2026.


y eso merece un debate honesto — no entre expertos, sino entre vecinos.

¿estamos dispuestos? ¿hasta dónde? ¿cómo lo explicamos a quien ya no llega a fin de mes?


porque no se trata de elegir entre “ser buenos” o “ser realistas”.

se trata de saber que toda solidaridad tiene un precio… y que el peor error no es pagar, sino no entender por qué, cómo y quién decide.


europa hoy no se está dejando saquear.

se está jugando su credibilidad — no frente a los mercados, sino frente a sus propios ciudadanos.

porque cuando tomas una decisión tan grande sin explicarla con claridad… el vacío lo llenan los miedos.


y los miedos, solos, nunca construyen nada duradero.


así que escribo esto no para convencer, sino para invitar:

a exigir transparencia.

a preguntar sin vergüenza.

a sostener la mirada a la complejidad — aunque pese.


porque la democracia no se defiende solo en las urnas.

también en los silencios que nos atrevemos a romper… con verdad.


si este texto te resonó, compártelo — no como respuesta definitiva, sino como punto de partida.

y si quieres, puedo dejar en comentarios los enlaces a fuentes oficiales (sin tecnicismos), para seguir la conversación con datos, no con ruido.

domingo, 21 de diciembre de 2025

El Esternón del Mundo: La Memoria del Dolor como Alquimia de la Supervivencia

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Existe una anatomía invisible en la historia que escapa a los tratados de geopolítica, pero que el Templo disecciona con precisión quirúrgica: la presión de los suspiros reprimidos. Cuando una sociedad opta por ignorar el rastro sangriento de sus elecciones, el dolor no se evapora; se condensa en un rojo espeso, un elixir que busca un pecho donde arraigar y germinar. En su forma más pura, el dolor es la patología de la ignorancia: el alarido de una conciencia que rehúsa reconocer el patrón repetitivo de sus propios yerros.

La figura del farero Elías desvela la esencia auténtica de la Memoria del Dolor. No se trata de un masoquismo estéril ni de una nostalgia lúgubre. Al contrario, es una alquimia indispensable. Convertir los actos humanos en sabiduría demanda un crisol resistente al fuego abrasador de la verdad. Al inhalar el suspiro carmesí de las batallas olvidadas, el farero transmuta la "sombra" colectiva de la humanidad, metabolizando lo que nosotros, por temor o arrogancia, hemos silenciado.

En nuestro mundo actual, hemos desterrado a los fareros. Nos aferramos a la falacia de que la historia puede reiniciarse, de que el dolor se extirpa mediante el olvido selectivo. Pero el olvido es el abono que nutre la recurrencia. Si el esternón del mundo —ese hueso central que soporta el peso de las heridas planetarias— no procesa sus cicatrices, el dolor se cronifica, engendrando una ceguera colectiva que nos precipita, inexorablemente, hacia el mismo abismo.

La sabiduría no surge de una paz edénica e ilusoria, sino del coraje para confrontar la llaga abierta. Las gaviotas que emergen de la boca de Elías representan el clímax de esa alquimia: ya no son sangre coagulada, sino augurio. Son el eco de una advertencia: la ignorancia tiene un umbral finito, y el tiempo —ese devorador implacable— no absuelve a las especies que olvidan el regusto metálico de su propio hierro.

**Advertencia final:**  
Nadie escapa a la culpa del silencio que perpetúa. El suspiro que hoy te niegas a liberar es la gaviota que mañana heraldará tu propio hundimiento. La memoria no es un fardo opresivo; es el cartograma de las minas que has sembrado con tus manos. Escucha el presagio, antes de que el rojo del suspiro tiña irrevocablemente tu horizonte.

sábado, 20 de diciembre de 2025

el jardinero de nínive

 

nadie sabe cuándo comenzó.
solo que, desde hace tres generaciones, en el corazón de nínive —ya no ciudad maldita, sino metrópolis de acero y ruido— hay un jardín sin flores perennes.

sus plantas viven un día.
algunas, solo seis horas.

el jardinero no las riega con agua bendita, ni con promesas.
las riega con nombres.

cada amanecer, los niños llegan con tarjetas de papel reciclado.
en ellas escriben:
mi hermano me quitó el pan, pero no le dije nada
mentí para que mi madre no llorara
vi a alguien caer y seguí caminando

el jardinero toma cada tarjeta, la dobla en origami de semilla, y la entierra junto a una raíz de Oenothera stricta —la flor que abre al crepúsculo y se deshace al alba.

—¿por qué no plantamos árboles? —pregunta un niño.
—porque dios hizo crecer una planta… y luego la dejó morir —responde el jardinero—. y preguntó: ¿te compadeces de ella?
—sí.
—entonces aprende: la compasión no nace del poder de salvar. nace del coraje de acompañar lo que no puede salvarse.

al mediodía, las flores están abiertas.
cada pétalo vibra con el nombre que la nutre.
los niños las tocan —con cuidado— y aprenden:
si aprietan, la flor se cierra.
si esperan, se abre un poco más.

al atardecer, el jardinero reúne a todos.
—antes de que se vayan… nombren lo que vieron morir hoy.

y uno dice:
—la flor de amán.
—no.
—la flor de… mi mentira.

el jardinero asiente.

cuando la última flor se ha deshecho en tierra, barre los restos con una escoba de juncos.
no los tira.
los mezcla con arcilla y moldea pequeñas esferas huecas.
dentro de cada una, coloca una nueva semilla… y una nueva tarjeta en blanco.

mañana, las entregarán a otros niños.
y el ciclo —frágil, ético, inútil para el mundo— seguirá.

porque el jardinero sabe algo que dios le enseñó a jonás en la sombra de una planta efímera:

amar lo que dura poco no es debilidad. es la única forma de preparar el corazón para amar lo que dura demasiado: una ciudad, un pueblo, un enemigo.


la capa de fuego

 

nadie vio el carro.
solo eliseo vio la tela caer —una mancha oscura contra el cielo en llamas— y corrió a atraparla antes de que el viento la llevara al yabbok.

la capa no humeaba. no ardía.
estaba fría.
y olía a sal, sudor y algo más antiguo: el silencio después de una orden cumplida.

los profetas jóvenes murmuraron:
—¿la guardarás como reliquia?
él la extendió al sol.
—no. la lavaré. y la usaré.

así comenzó la costumbre:
cada luna nueva, eliseo sumergía la capa en agua con ceniza de encina y sal del mar muerto.
no para “purificarla”, sino para dejar que el fuego se fuera, poco a poco.

con los años, la tela se volvió translúcida en los bordes, como piel de cebolla.
ya no cubría.
filtraba.

un día, una mujer —con los ojos vacíos de quien ha oído demasiadas voces falsas— le pidió:
—déjame tocarla.
él se la entregó.
ella la apretó contra sus oídos… y lloró.
—¿qué escuchaste? —preguntó eliseo.
—nada.
—entonces funcionó.

porque la capa ya no transmitía el fuego de elías.
transmitía el silencio que el fuego dejó atrás.
y ese silencio, descubrieron, era el único espacio donde una voz nueva —pequeña, temblorosa, humana— podía nacer sin quemarse.

los discípulos empezaron a tejer copias.
no con lana.
con fibras de schoenoplectus —el junco del yabbok— entrelazado con hilos de la capa original.
cada nueva prenda era más delgada, más permeable.
la última generación ya no se usaba sobre los hombros.
se enrollaba alrededor de las muñecas, como un vendaje suave.

cuando le preguntaron por qué, eliseo, ya anciano, respondió:
—elías ascendió.
yo me quedé.
y lo que bajó conmigo no fue poder.
fue responsabilidad por el hueco que dejó.

hoy, en los márgenes del río, hay quienes se sientan en círculo, con las muñecas envueltas en lino translúcido.
no esperan una llama.
esperan el momento en que el viento cesa…
y por fin oyen, no una voz del cielo,
sino el latido del que está a su lado —
temblando,
pero presente.