TERRA

DESDE LO PROFUNDO DE LA TIERRA

Pensar. Escribir palabras que el sistema aún no puede descodificar. Hablar entre cuatro paredes, en habitaciones que devuelven el eco de ag...

lunes, 12 de octubre de 2026

El pomo

 


Dejar la mano sobre el pomo sin girarlo,
habitar el umbral del rellano,
ese lugar donde el silencio pesa
entre dos mundos que no terminan de separarse.
Un paso hacia delante.
Después, el vacío.
El cuerpo se repliega,
dobla el aire al regresar,
mientras el ascensor se demora
en la penumbra del edificio.
Esperar sin saber
si aquello que nos retiene es refugio
o la raíz que nos impide partir.
Volver el rostro hacia el perfume del hogar,
hacia el café recién molido,
ese aroma que devuelve a la memoria
lo que todavía se niega a desaparecer.
Pero también es preciso soltar la puerta.
Huir sin mover los pies.
Dejar que el mecanismo descienda
hacia un destino que no promete nada,
mientras se traga, piso a piso,
el edificio,
la calle,
la ciudad entera.
Y llevar la maleta por dentro,
esculpida en la entraña,
como un archivo clandestino
donde lo frágil aprende a sostenerse.
Adherir memorias ajenas
allí donde todavía duele lo propio.
Guardar relatos que nadie se atrevió a pronunciar,
rescatar el hueso intacto de lo callado,
hasta morder el silencio
y sentir su sangre en la boca.
Entonces comprender
que ninguna puerta nos libera
de lo que llevamos dentro.
Que partir no siempre significa marcharse,
ni regresar significa volver.
La mano encuentra de nuevo el pomo.
Esta vez gira.
La puerta se cierra despacio,
sin estrépito,
como si al otro lado
alguien, por fin,
hubiera dejado de esperar.

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