Juan miró a Ariadna. El sonido de la espera de las manos se amplificó en el silencio del coche.
"Dijiste que era pequeño."
"Y lo es, Ariadna. Es minúsculo. Es una mota de polvo en la eternidad que eres tú, pero es mío. Y tú no toleras nada que no puedas congelar y catalogar." Juan se frotó la frente, el gesto revelando el peso de su mentira. "La mentira... la mentira no fue sobre otra persona o sobre el dinero. Fue sobre el Cuestionario sobre el Sueño que me pediste que contestara."
"Las diecisiete respuestas. Las leí. Las califiqué. Eran perfectas."
"Eran perfectas porque las escribí dos veces. La primera vez, dije la verdad. Dije que, en mi sueño, el lugar al que huíamos no era un futuro. Era un pasado. Y que no éramos amantes, éramos desconocidos que compartían una vieja preocupación. Y la respuesta diecisiete..." La voz de Juan se quebró. "...dije que cuando te miraba, podía ver el efecto del tiempo en ti, que te estabas marchitando, y que eso me hacía amarte más, por tu finitud."
El aire se enrareció. Ariadna se quedó absolutamente inmóvil, procesando la herejía.
"Te inventaste otra verdad porque tu verdad me robaba mi única posesión: mi no-tiempo. Me convertía en una estatua de sal. ¿Y la diecisiete?"
"La diecisiete era la que te gustaba: 'El matrimonio es una cuestión de amor'. Pero la original era: 'El matrimonio es una cuestión de memoria compartida, y yo sé que la tuya es incompleta'."
El Detalle Pequeño es que Juan le robó su percepción de la realidad, no por adulterio, sino por alteración de la evidencia temporal, confrontándola con la finitud y la memoria que ella rechaza.
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