TERRA

DESDE LO PROFUNDO DE LA TIERRA

Pensar. Escribir palabras que el sistema aún no puede descodificar. Hablar entre cuatro paredes, en habitaciones que devuelven el eco de ag...

jueves, 19 de marzo de 2026

EL INVENTARIO DE LA CARNE Y EL AZAR

EL INVENTARIO DE LA CARNE Y EL AZAR

Me llamo Julián. Hoy el mundo cabe en una lista que no admite réplica.

Tengo cuarenta y tres años. Mis manos huelen a hierro porque arreglo cerraduras que otros han forzado. Me gusta el sexo cuando hay silencio previo. No creo en la política de los hombres con corbata, pero confío en el peso de una moneda de cobre en el bolsillo. A los seis años vi un perro morir bajo la lluvia y no lloré; me pregunté cuánto tardaría el agua en lavar la sangre de la acera.

Me gusta el café frío. Detesto los centros comerciales porque no tienen memoria, solo superficies. Pienso que el arte es un error que se ha vuelto prestigioso. Mi madre decía que tenía el corazón de un mineral: no late, permanece. Tenía razón. A veces cuento los pasos por el pasillo para no pensar en la mujer que se llevó las llaves y dejó el armario vacío.

La amistad es un contrato que se rompe con la primera verdad absoluta. Prefiero el trabajo físico porque el sudor no miente. La filosofía es el lujo de quienes no pagan alquiler mañana. Me he acostado con tres mujeres este año; solo recuerdo el nombre de la que tenía una cicatriz en forma de rayo sobre la cadera izquierda. La belleza es una distorsión de la luz sobre un objeto roto.

Tengo un reloj que se detuvo a las tres de la tarde de un martes. No lo arreglo porque me gusta que en mi muñeca siempre sea ese martes de hace cinco años. La muerte no es un evento, es una acumulación de olvidos. Me gusta el olor de la gasolina. No me gusta la Navidad porque el aire se llena de alegría obligatoria que me irrita la garganta.

He matado a un hombre, pero solo en sueños, y siempre con una calma que me asustaba al despertar. La fe es una grieta que se alimenta de la duda. Mi padre nunca me dio un consejo, pero me enseñó a afilar un cuchillo hasta que el filo desaparecía a la vista. Esa es mi estética: la desaparición de lo obvio.

Sigo hilvanando. Mañana quizás añada que prefiero los atardeceres apagados. O que mi familia es un archipiélago de soledades que se saludan de lejos. El ritmo no para. La lista crece. La vida es este inventario de cosas que poseo y de cosas que me poseen a mí.

No hay cierre. Solo hay la siguiente frase. Mañana me despertaré a las seis. Mañana volveré a oler a hierro.

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