✴️ Capítulo V
Tizón y los Sueños del Umbral
Donde lo que no se dice también acaricia
Mi nombre no importa.
Nunca lo ha importado.
Los humanos me llaman Tizón,
como si pudieran nombrar aquello que no entienden.
Yo no pertenezco.
Ni a esta calle,
ni a esta iglesia,
ni a este niño que me acaricia creyendo que me ha elegido.
Yo pertenezco al umbral.
Ese lugar entre lo que fue y lo que aún no sucede.
🌘 El nacimiento sin tiempo
No nací en una camada.
Nací en una sombra.
A los pies de una cama donde una mujer moría despacio y rezaba sin fe.
Abrí los ojos antes de abrirlos.
Y vi a Valdeolivo desde arriba:
un pueblo partido en grietas y suspiros.
Un lugar donde los vivos recuerdan lo que no han vivido aún.
Desde entonces, camino.
Sin rumbo.
Pero con destino.
🐾 El niño y la mirada que no huye
Lo vi antes de que él me viera.
Roberto.
Lo reconocí porque su tristeza era pura.
No como la de los adultos, que sangra con orgullo.
La suya era agua quieta.
Y los gatos sabemos que donde hay agua quieta,
hay un alma que aún escucha.
Me acerqué despacio.
Él tendió la mano.
No dijo nada.
Nos bastó.
Desde ese día, fui su sombra con ojos.
Su espía.
Su guardián.
Pero también, su espejo.
✨ Sueños compartidos
Los humanos creen que los gatos solo dormimos.
Y es cierto.
Dormimos porque trabajamos en el otro lado.
Mientras ellos sueñan sin saber,
nosotros vigilamos los hilos.
Lucía, por ejemplo.
Ella sueña con el río.
Cree que está sola.
Pero no sabe que cada vez que se duerme,
yo salto al tejado de su sueño
y vigilo la puerta.
Roberto también sueña.
Sueña que se olvida de soñar.
Y entonces me enrosco en su pecho
para recordarle que él aún es niño,
aunque el mundo ya no lo vea así.
🔮 El lenguaje secreto
Los gatos no hablamos.
No por falta de palabras,
sino por respeto a los silencios.
Pero dejamos señales:
-
Cuando cruzamos frente a ti,
no te estamos ignorando.
Te estamos bendiciendo. -
Cuando nos frotamos contra tu pierna,
no pedimos comida.
Estamos borrando tus miedos. -
Cuando te miramos fijo y parpadeamos lento…
estamos diciendo:
“Ya puedes llorar. Nadie te va a juzgar.”
🌌 El tejado como altar
Por las noches, subimos al tejado.
Él escribe.
Yo escucho.
Él recuerda.
Yo cuido.
A veces, cuando la estrella correcta parpadea,
yo ronroneo más fuerte.
Y entonces él cierra el cuaderno.
Y simplemente mira.
Ese mirar…
es una forma de rezar.
🕳️ El otro lado
Sí, hay otro lado.
Un lugar donde los barquitos de papel llegan.
Donde las palabras no dichas se vuelven música.
Donde las madres sin aliento siguen amasando pan en cocinas invisibles.
Yo he estado allí.
Voy cada noche.
Y vuelvo con un poco de eso en mis patas.
Por eso los humanos sienten calma cuando me tocan.
No soy yo.
Es lo que traigo.
🐾 Epílogo: Permanecer en el borde
No sé cuánto tiempo me queda.
No importa.
Los gatos no tememos al final.
Porque vivimos en el borde,
no en la línea.
Solo espero que Roberto lo sepa.
Que sepa que, cuando ya no me vea,
yo seguiré cruzando sus sueños
con la misma elegancia triste de siempre.
Porque en Valdeolivo,
nadie se va del todo.
Y los gatos…
menos que nadie.
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