TERRA

DESDE LO PROFUNDO DE LA TIERRA

Pensar. Escribir palabras que el sistema aún no puede descodificar. Hablar entre cuatro paredes, en habitaciones que devuelven el eco de ag...

martes, 15 de julio de 2025

✴️ Capítulo XVII El Umbral Infinito

 

✴️ Capítulo XVII

El Umbral Infinito

Donde termina un ciclo y comienza la eternidad

La madrugada se deslizaba silenciosa sobre Valdeolivo,
como un suspiro que acaricia las hojas,
mientras Roberto caminaba hacia el viejo mirador,
el lugar donde, años atrás, había visto por primera vez el río sin nombre.

El aire olía a tierra mojada y a promesas por cumplir.
En sus manos, el cuaderno que había sido su refugio,
y la pluma negra que Amara le había confiado.


🌌 La última escritura

Roberto se sentó, mirando las estrellas que ahora sentía amigas y compañeras.
Abrió el cuaderno en la página en blanco que había reservado para este momento,
y comenzó a escribir.

No eran palabras, sino un puente tendido entre el ayer y el mañana,
entre la sombra y la luz,
entre la vida y la muerte.

Cada trazo era un acto de amor, un gesto de liberación,
una ofrenda al misterio que siempre lo había acompañado.


🌿 Los guardianes del tiempo

A su alrededor, la noche cobró vida.
Tizón apareció como una sombra silenciosa,
mientras una brisa suave trajo consigo el eco de las voces queridas:
la risa de Lucía,
el consejo sabio de Don Mateo,
el susurro valiente de Don Hilario,
y la calidez infinita de su madre, Consuelo.

No eran recuerdos, sino presencias vivas,
guardianes del tiempo que lo acompañaban en este último umbral.


🔥 La llama eterna

Roberto cerró los ojos, sintiendo el fuego interno que había encendido en su alma.
Un fuego que no se extinguiría,
porque ahora comprendía que él mismo era parte de un ciclo sin fin,
una chispa en la vasta oscuridad,
una luz que se transmitiría a quienes vinieran después.

En ese instante, supo que su historia no terminaba,
sino que se fundía con la historia de Valdeolivo,
con la sinfonía eterna de las voces en el viento.


🌟 Epílogo: La promesa del infinito

Al abrir los ojos, Roberto vio el amanecer pintar de oro las montañas.
Respiró profundo y susurró:

"No temo al final, porque en cada final hay un comienzo.
Soy luz y sombra, recuerdo y sueño, vida y eternidad."

Y con esa certeza, se levantó, listo para continuar el viaje,
no solo como un niño inocente,
sino como un guardián del umbral infinito.

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