✴️ Capítulo XVI
Las Voces en el Viento
Cuando el susurro del pasado se mezcla con la promesa del mañana
La brisa que recorría Valdeolivo esa tarde era diferente,
como si llevara consigo mensajes de tiempos olvidados.
Roberto, caminando entre los olivares,
cerró los ojos y dejó que el viento le hablara.
🌬️ Los murmullos invisibles
En el vaivén de las hojas, escuchó fragmentos de voces:
la risa suave de Lucía,
el consejo pausado de Don Mateo,
el silbido desafiante de Don Hilario,
y el ronroneo profundo de Tizón.
Eran ecos que parecían salir de otro tiempo,
pero que vibraban con fuerza en el presente.
🕊️ Un encuentro inesperado
De pronto, una figura apareció a lo lejos:
era una mujer de cabellos plateados y ojos llenos de historias.
Roberto sintió que la conocía, aunque no podía precisar de dónde.
—He venido a contarte algo que aún no sabes, —dijo ella con voz clara—.
Valdeolivo guarda secretos que tú solo estás empezando a comprender.
Ella se presentó como Amara, guardiana de la memoria ancestral del pueblo,
y le habló de la conexión entre los habitantes,
de cómo sus almas se entrelazan más allá del tiempo y el espacio.
🌿 La lección de Amara
Amara le enseñó que cada historia, cada vida, es como una nota en una sinfonía infinita.
Que a veces, para entender el presente,
es necesario escuchar la melodía completa,
incluyendo las pausas y los silencios.
—No temas a lo desconocido, —le aconsejó—,
porque en el misterio está la semilla de la verdad.
Roberto sintió que un nuevo capítulo de su vida comenzaba,
uno donde él sería tanto aprendiz como maestro.
🌌 El pacto con el viento
Antes de desaparecer, Amara le entregó una pluma negra,
diciendo:
—Con esta pluma, escribe no solo con tinta, sino con alma.
Que cada palabra que traces sea un puente entre lo visible y lo invisible.
Roberto guardó la pluma con reverencia,
sabiendo que el viento seguiría trayendo voces,
y que él tendría la misión de escucharlas y contarlas.
🌟 Epílogo: La sinfonía que nunca termina
Mientras la noche caía y las estrellas comenzaban a brillar,
Roberto se sentó bajo el árbol más antiguo del pueblo,
y comenzó a escribir con la pluma nueva,
dejando que las voces en el viento guiaran su mano.
Porque la historia de Valdeolivo,
y la suya propia,
eran partes de una misma sinfonía eterna,
una melodía que se escucha más allá del tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario