TERRA

DESDE LO PROFUNDO DE LA TIERRA

Pensar. Escribir palabras que el sistema aún no puede descodificar. Hablar entre cuatro paredes, en habitaciones que devuelven el eco de ag...

martes, 15 de julio de 2025

✴️ Capítulo VI Don Hilario y el Silbido que Cura

 

✴️ Capítulo VI

Don Hilario y el Silbido que Cura

Donde la vejez no es el final, sino el eco más profundo

En la esquina donde el pueblo se encoge y la sombra del campanario ya no llega,
vive Don Hilario,
el hombre que habla poco
y silba mucho.

Su casa huele a manzanas podridas, tabaco viejo y valentía.
Las paredes están cubiertas de fotografías desteñidas,
pero los marcos están vacíos:
las imágenes viven en su cabeza,
donde cada recuerdo se conserva como una vela que aún no se apaga.


🌫️ El aire como enemigo íntimo

Don Hilario respira con dificultad.
Cada inhalación parece un pacto con el mundo.
Cada exhalación, una despedida sin drama.

La tos lo visita como una viuda que aún lo ama.
Él la recibe sin quejarse.
Porque en Valdeolivo, el cuerpo es solo el vestido de algo que no se rompe con la enfermedad.

Me estoy oxidando por dentro, decía a veces,
mientras afilaba su navaja por costumbre más que por necesidad.

Pero cuando lo escuchaban silbar...
ah, entonces parecía nuevo.
El silbido salía limpio, redondo,
como si fuera una cuerda lanzada al cielo para que alguien se salve.


🧒🏼 La visita de Roberto

Roberto venía cada jueves.
No sabía por qué.
Solo sabía que allí, junto a ese hombre vencido,
sentía que la muerte era menos cruel.

¿No te da miedo morir?, le preguntó una vez,
como solo los niños pueden hacerlo:
con la verdad en la frente y el alma desnuda.

Don Hilario no respondió de inmediato.
Silbó una melodía antigua, que parecía tener siglos.
Y cuando terminó, solo dijo:

El miedo es un perro que ladra a la luna.
Yo prefiero silbar.

Desde entonces, Roberto lo visitaba también por la música.
Y porque ese silbido le acomodaba algo en el pecho.
Algo que dolía sin nombre.


🍂 La sabiduría sin escuela

Don Hilario no había leído libros sagrados.
Pero sabía:

  • Cuándo se avecinaba una muerte.

  • Cuándo una semilla iba a florecer aunque no lloviera.

  • Cuándo un niño estaba a punto de romperse, y bastaba con regalarle una piedra lisa para evitarlo.

Todo lo que se rompe deja luz por las grietas, le dijo una vez a Lucía.
Ella no entendió del todo.
Pero más tarde, al llorar en soledad,
recordó esas palabras como un abrigo invisible.


🌌 El secreto del silbido

Decían que Don Hilario había amado una vez.
Y que esa mujer se fue con un forastero de paso.
Otros decían que nunca amó a nadie, salvo a un canario que murió de tristeza.

La verdad no importaba.
Porque lo que fuera que había perdido,
lo transformó en música.

Y en Valdeolivo, donde los sonidos tienen forma y alma,
su silbido curaba las grietas de los que ya no creían en nada.


🕯️ La última melodía

Una tarde sin nombre, Don Hilario no salió al umbral.
Ni silbó.
Ni tosió.

Roberto llegó y lo encontró dormido.
No muerto.
Dormido.

Tenía una leve sonrisa.
Y en su mano, apretada,
una hoja de almendro y una piedra.

Roberto no lloró.
Silbó.
La misma melodía que había escuchado tantas veces.
Y en el momento justo,
una estrella fugaz cruzó el cielo.
Como si la música hubiera abierto un camino.


🕊️ Epílogo: Lo que queda

Desde entonces, cuando alguien en Valdeolivo tiene miedo,
silba.

Cuando nace un niño,
se le susurra al oído la canción de Hilario.

Cuando alguien parte,
se le pone en la mano una piedra lisa y una hoja de almendro.

Y así,
el hombre que nunca escribió nada,
se volvió libro abierto,
melodía que perdura,
cura sin palabra.

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