TERRA

DESDE LO PROFUNDO DE LA TIERRA

Pensar. Escribir palabras que el sistema aún no puede descodificar. Hablar entre cuatro paredes, en habitaciones que devuelven el eco de ag...

viernes, 9 de enero de 2026

El Colapso de la Escuadra

 


No hubo el sonido de una puerta abriéndose ni el eco de pasos sobre el parqué. Su llegada no fue un evento en el tiempo, sino una alteración en la naturaleza del espacio. Ella no entró en la habitación; la habitación, simplemente, dejó de tener límites.

La llamé "edénica" porque traía consigo el perfume de lo que aún no ha sido nombrado. En sus manos, la noche no era oscuridad, sino una materia densa y vibrante que comenzó a filtrarse por las junturas de mis estantes. Vi con asombro cómo los lomos de mis libros de leyes se curvaban, perdiendo su rigidez arrogante. La tinta de Voltaire pareció licuarse, volviéndose un río de posibilidades que ya no buscaba demostrar nada, solo fluir.

La Entrega de los Espejos

Lo más inquietante fue el espejo. Aquel cristal que siempre me devolvía la imagen del joven pulcro y caviloso, de repente, se rindió. Su superficie se volvió líquida, profunda, y dejó de reflejar mi rostro para mostrar el latido del aire. La geometría, esa red en la que yo había atrapado mi existencia, se suspendió en un vacío cálido.

Los cuadrados que sostenían mi mundo —la lógica, el deber, la medida— se redondearon como cantos rodados en el fondo de un río. No hubo miedo, solo una inmensa gravidez de lo incierto. El aire comenzó a pesar, no como una carga, sino como una caricia que confirmaba que el vacío estaba, en realidad, lleno.

El Territorio de lo Invisible

Ella permanecía allí, como un umbral vivo. No hablaba, pero su presencia dispensaba una verdad que mis fórmulas nunca pudieron rozar. De repente, todo lo que yo había considerado un "error" o una "debilidad" —mis deseos no confesados, los silencios que me asustaban, los huecos de mi propia historia— se transformó.

Dejaron de ser fallas en la estructura para convertirse en suelo firme.

Entendí que la razón solo era una balsa pequeña en un océano infinito. Me descalcé de mis certezas y caminé sobre ese nuevo territorio habitable. Allí, donde la línea recta muere y nace el asombro, descubrí que la noche no viene a ocultar el mundo, sino a revelarlo en su verdadera e indomable desnudez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario